Nuestra visión
Hacia dónde caminamos juntos.
Vemos una iglesia evangélica chilena que vive el Evangelio de Jesucristo con alegría, humildad y esperanza, de Arica a Punta Arenas.
Soñamos con un pueblo que ora sin cesar, que se reúne con hambre de la Palabra y que descubre en las Escrituras el camino, la verdad y la vida.
Queremos ser una familia donde nadie ore solo: un hogar abierto para el que llega cansado, para el que duda y para el que regresa después de mucho tiempo.
Anhelamos ver familias restauradas, jóvenes que conocen a Dios desde temprano, adultos mayores que son honrados y niños que crecen amados y enseñados en la fe.
Creemos que cada persona tiene un llamado, y que la iglesia florece cuando cada hermano y hermana sirve con sus dones, sin importar su edad, su oficio o su origen.
Deseamos una comunidad que ama a su barrio con hechos concretos: que visita al enfermo, acompaña al que sufre, tiende la mano al necesitado y da buenas noticias a los pobres.
Nos vemos como discípulos que hacen discípulos, formados por la oración, la enseñanza bíblica y el testimonio de una vida coherente.
Soñamos con una iglesia unida, que celebra la diversidad del cuerpo de Cristo, que trabaja junto a otras iglesias y que busca la paz de nuestra ciudad y de nuestro país.
Queremos usar con sabiduría los medios de hoy para acercar la oración y la Palabra a quien no puede venir, sin que la tecnología reemplace jamás el abrazo y la comunión.
Nuestra esperanza descansa en Cristo, y nuestro anhelo es que Chile entero conozca su amor.
«Para que el mundo crea» (Juan 17:21). Soli Deo gloria.
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